La artista Sandra Val (Tarragona, 1979) rescata a través de la cerámica una herencia plagada de contrastes formales y complejas estéticas gestadas entre la Tarragona más industrial, la popular ornamentalidad de Sevilla y la distintiva centralidad de León.
Entre territorios monumentales y contrastes culturales, el lenguaje artístico de Sandra atraviesa procesos que desafían las posibilidades del oficio. Su obra, articulada a través de la porcelana, recoge características propias de los juegos de la infancia, las formas industriales y las terminaciones de las artes decorativas asiáticas, para configurar un discurso sensual y lúdico a través de una nueva materialidad. Acostumbrados a ver estas piezas en brillo, Sandra otorga una estética mate a su obra a través de la combinaciones de formas abstractas y aparentemente simples que acaban confeccionando estructuras formales complejas. De quien fue Sandra en su niñez quedan todos los escenarios lúdicos que ella exploraba en su temprana edad.
“Cualquier elemento que brillase, que tuviese una función concreta pero que yo pudiese descontextualizar, ya era la excusa perfecta para que fuese una pieza de mi juego”.
Su estudio –ubicado en el barrio de Usera (Madrid)– se asemeja más al de un artesano que al de un artista. Materiales pesados, herramientas de corte y pulido y referencias a la cerámica popular no atisban el delicado trabajo de Sandra. Su porcelana, sensual y provocadora, compone escenarios que cuestionan la comprensión y pertenencia al espacio.


Las composiciones de Sandra comparten una metodología similar a la de un lenguaje articulado a través de palabras. Sus instalaciones parten de la unión de formas procedentes de su entorno cotidiano —tanto industriales como domésticas— que posteriormente modela y repite, construyendo así un discurso visual basado en la reiteración y en la relación entre elementos comunes.
“No hay nada más serio que el juego, aquel que te permite comprender, proyectar y construir”.




Su excepcionalidad formal, estética y narrativa han llevado a la artista a presentar su obra con exposiciones como La erótica del tiempo en el Museo Nacional de Cerámica González Martí, Tres experiencias formales (2025) en CentroCentro (Palacio de Cibeles) y así como en espacios como Korean International Ceramics Biennale, ARCOmadrid o el Gyeonggi Museum of Contemporary Ceramic Art.
La obra de Sandra Val se sitúa así en un punto intermedio entre tradición y actualidad, rescatando la importancia y herencia de la cerámica al convertirla en el medio central de expresión. Sus piezas dialogan con nuestra historia desde la articulación de un lenguaje contemporáneo propio. Sin estridencias ni gestos brutos, su sofisticado trabajo invita a mirar con atención y a descubrir cómo un material ancestral permite nuevas resignificaciones en el presente.
Créditos:
Fotografía por Rosana Pérez. All rights reserved.