En el pulso de la cultura underground de finales de los años noventa y principios de los dos mil en España, donde la convivencia, la cultura y la comunidad se convertían en un territorio de experimentación sensorial y efímero, David Magán (Madrid, 1979) comenzaba a desarrollar una mirada que, con el tiempo, definiría toda su práctica artística.
Formado en la conocida Escuela de Arte de Palma, en el barrio madrileño de Malasaña, su trabajo no puede entenderse únicamente como escultura; la comprensión de su obra revela, detrás de la abstracción, una memoria visual y corporal que, partiendo de experimentaciones con el vidrio, hace confluir en ella el valor del cuerpo, la luz, la música y el espacio arquitectónico como influencias que configuran la experiencia colectiva.

Escultor abstracto y artista instalativo, David Magán desarrolla un diálogo a través de la luz, el color y el juego de percepciones, generando una incógnita constante sobre las posibilidades de la percepción individual. Partiendo de experimentaciones manuales y digitales, su obra consigue fragmentarse por medio del movimiento. El resultado es una práctica que opera en varios niveles simultáneamente.
Por un lado, mantiene viva la dimensión experiencial: el espectador no observa la obra desde fuera, sino que la activa con su presencia y su desplazamiento, alterando reflejos, descubriendo nuevas combinaciones cromáticas y modificando su propia percepción del espacio. Por otro, introduce una reflexión sobre cómo se construye esa experiencia, trasladando lo efímero al terreno de lo analítico.


En la juventud de David, marcada por una escena musical que pone en valor la comunidad y la experiencia sensorial, la luz se convierte en materia viva. Es en ese imaginario y en los pequeños momentos, cuando David interactuaba con juegos lumínicos, donde puede entenderse la sensibilidad del artista, con una particular atracción hacia la intangibilidad de la luz, comprendiéndola no desde su funcionalidad, sino como un elemento que construye espacio y vivencia.
La obra de David no se rige por un único formato. El artista explora, a través de la fotografía, la escultura, la instalación y la impresión digital, cómo del color y la geometría emergen interferencias ópticas que generan arquitecturas visuales en tensión y armonía, tan precisas en su ejecución como expansivas en sus posibilidades.
Así, la trayectoria de David Magán dibuja un recorrido que va de la inmersión a la construcción, de la experiencia colectiva a la forma, de la intuición a la precisión. Su obra no reproduce la estética de una época, sino que traduce su esencia, convirtiendo la memoria de la luz —esa que alguna vez habitó el aire de una pista de baile— en una arquitectura tangible, rigurosa y profundamente contemporánea.


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Créditos:
David Magán Studio
Entrevista: Romina Llaguno
Vídeo y fotografía: Daniel Ortiz para CACO
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